Rabietas… ¿Por Qué Aparecen, Cómo Podemos Controlarlas?

Rabietas… ¿Por Qué Aparecen, Cómo Podemos Controlarlas?

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Desatención.

A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas escolares, en el trabajo o en otras actividades.
A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas.
A menudo parece no escuchar cuando se le habla directamente.
A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas escolares.
A menudo tiene dificultades para organizar tareas y actividades.
A menudo evita, le disgusta dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
A menudo extravía objetos necesarios para tareas o actividades.
A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes.
A menudo es descuidado en las actividades diarias.

Hiperactividad.

A menudo mueve en exceso manos o pies, o se remueve en su asiento.
A menudo abandona su asiento en la clase o en otras situaciones en que se espera permanezca sentado.
A menudo corre o salta excesivamente en situaciones en que es inapropiado hacerlo.
A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio.
A menudo “está en marcha” o suele actuar como si tuviera un motor.
A menudo habla en exceso.

Impulsividad.

A menudo precipita respuesta antes de haber sido completadas las preguntas.
A menudo tiene dificultades para guardar turno.
A menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (p.ej., se entromete en conversaciones o juegos).

¿POR QUÉ APARECEN LAS RABIETAS?

Todo el procesamiento de la información es emocional. La emoción es el nivel de energía que impulsa, organiza, amplifica  y atenúa la conducta. Pero esta energía es regulada a través de las funciones ejecutivas.

Las personas con TDAH tienen dificultades en el manejo de las emociones, debido a un déficit neurobiológico. Por ello, estos viven con mayor intensidad y durante más tiempo, llegando a tener incluso explosiones emocionales. En estos casos invaden todo el “sistema” y dificulta el poder atender a otras cosas.

Dificultad en la autorregulación de las emociones en el TDAH

Las emociones condicionan nuestra conducta, si estoy enfadado o preocupado o nervioso, me será difícil sentarme a estudiar. Si siento rabia, me rebelaré contra las normas, si tengo miedo me costará iniciar una acción novedosa, etc. De tal modo, que nuestro estado emocional regula nuestro comportamiento. Si no somos capaces de regular nuestras emociones no seremos capaces de regular nuestras conductas.

En el TDAH esa función regulatoria “falla”. Por eso, es fundamental entrenar en el manejo del lenguaje interno, es decir en el entrenamiento de las autoinstrucciones:

“si me pongo nervioso voy a hacer mal la actividad”, “tengo que intentar no enfadarme porque si no me van a castigar”, “es mejor que no diga esto ahora, porque me puedo meter en un problema”, “aunque no me apetezca, es mejor que pida perdón por lo que he hecho”, etc.

El proceso de entrenamiento en autoinstrucciones con niños con TDAH es lento y es un proceso muy costoso hasta que llega a automatizarse.

Video: rabietas.

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FUNCIONES DE LAS RABIETAS
  • Demanda de Atención.
  • Conseguir algo (un juguete, una actividad, una chuche…)
  • “Tantear” Los límites de los padres.
  • Expresar una emoción o estado de ánimo (enfado, frustración, ira, cansancio…)

Video: “Cómo controlar las rabietas”

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¿QUÉ PODEMOS HACER?

Extinción:

Tiempo fuera.

Manejo de las emociones.

Mejorar la comunicación (forma asertiva).

Fomentar la toma de decisiones y alternativas.

Enseñarle autocontrol. “Sin remover el pasado”.

Lo primero que debemos hacer para controlar una rabieta es no perder nosotros el control.

No podemos decirle al niño que se calme, si estamos gritándole y con signos evidentes de que estamos nerviosos…

¿QUÉ LE ESTAMOS TRANSMITIENDO?

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Observa bien las señales que indican el comienzo de la rabieta: una respiración acelerada y ruidosa, apretar los puños y dientes… En su punto álgido el niño da patadas, se tira al suelo, se da cabezazos.

Conociendo el curso, puedes ayudarle a que desaparezca antes de que llegue a este punto. Por ejemplo, desviando su atención. ‘Mira, cariño….’

En caso de un niño mayor es recomendable salir con él del lugar u ofrecerle ayuda.

Cuando la rabieta ya está en su curso, lo mejor es no intervenir ni razonar con el niño. Deja que se desahogue y la rabieta tenga su curso, procurando que no se haga daño.

Cuando termine la rabieta puedes decirle algo como ‘estabas muy enfadado ¿verdad?’. Actuando como si fueras el espejo de sus emociones, le ayudarás a entenderse a sí mismo. No debes nunca ceder ante sus deseos, ya que en este caso las rabietas se convertirán en una táctica aprendida que le resulte beneficiosa.

No le critiques ni castigues por tener rabietas.

Por ejemplo decirle: “¡Qué malo eres! ¿No te avergüenzas?”… le hará perder el respeto por sí mismo. Recuerda que las rabietas son una descarga de emociones a una edad en la que el niño aún no dispone de otros medios.

Dale plenas oportunidades para ser autónomo y decidir por sí mismo.

Un ambiente muy restrictivo aumenta las rabietas, mientras que otro flexible las disminuye.

Puedes darle la oportunidad para que él/ella mismo/a encuentre soluciones a sus problemas…

RECUERDA….

Tu estado de ánimo influye en que la rabieta desaparezca o se mantenga… mantente calmado/a.

Ayúdale en: manejo de las emociones, la comunicación, toma de decisiones y alternativas y autocontrol.

¡¡El refuerzo positivo es más efectivo que el castigo!!padre e hijo


Tamara


¿Cómo Afecta el TDAH a los Hermanos?

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Como sabemos, los niños y adolescentes con TDAH presentan una serie de dificultades que hace que los padres, normalmente, dediquen más tiempo a su vigilancia, cuidado y supervisión. Pensemos en una familia con dos hijos, uno de ellos diagnosticado con TDAH. Llega la tarde y es hora de hacer los deberes, mientras que el niño sin TDAH es capaz de hacerlos solo, con algo de supervisión, el niño con TDAH se levanta, se sienta, vuelve a levantarse, se olvida el libro en el cuarto, va y vuelve del cuarto, le entra sed y finalmente se sienta… se despista y el padre o madre tienen que sentarse cerca de él para ayudarle a centrarse… esto es solo un ejemplo de alguna de las dificultades que muestran los niños con TDAH. Según este ejemplo, el niño sin TDAH comprueba como su hermano recibe más atención de sus padres.

Esta situación puede desembocar en celos del niño sin TDAH hacia su hermano por ejemplos como este. En general, los niños celosos pueden manifestar algunas de las siguientes conductas:

  • Cambios de humor no justificados.
  • Signos de infelicidad. Lloro frecuente sin motivo.
  • Aparición de nuevas conductas (no presentes hasta la llegada de un hermano o ya superadas) normalmente desadaptadas con el simple motivo de llamar la atención de los padres (pipi en la cama, negarse a comer, agresividad injustificada hacia objetos o animales, comportamiento social anómalo, etc.).
  • Cambios en la expresión verbal y gestual. Vuelta a un lenguaje más infantil.
  • Alteraciones en los patrones de comida (menos apetito o más selectivo con los alimentos, rechazando platos antes preferidos o se le tiene que dar la comida) y sueño (insomnio, despertar nocturno, solicitar dormir con los padres, etc.)
  • Negativismo, terquedad, dificultad para obedecer. En los casos más extremos: oposicionismo, agresividad manifiesta y actitud desafiante hacia padres y compañeros.
  • Negar sistemáticamente los errores propios y culpabilizar a los otros de sus problemas o actitudes (en especial al hermano objeto de celos).

Para hacer frente a los problemas entre hermanos, cuando uno de ellos tiene TDAH, debemos tener en cuenta las siguientes consideraciones:

Debemos considerar explicarle a los hermanos en qué consiste el TDAH (adaptando la explicación a la edad y características de cada hermano) para que sean capaces de entenderle cuando realice ciertos comportamientos y le puedan ayudar. De esta forma conseguimos apoyo entre todos los miembros de la familia para ayudar al niño y adolescentes con TDAH. Por ejemplo, si Juan tiene TDAH y en casa se muestra nervioso, molestando a sus hermanos Marta y Miguel, estos, si desconocen qué le pasa a Juan y cómo ayudarle, pueden dejarse llevar por la situación y poner incluso más nervioso a Juan. Por el contrario, si Marta y Miguel conocen qué es el TDAH y cómo pueden ayudar a Juan, serán capaces  de tranquilizarse y evitar de esta forma un posible conflicto. De esta forma conseguiremos unos aliados muy valiosos.

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  • Es fundamental establecer un equilibrio en el trato a los diferentes hermanos de forma que no haya un trato de preferencia hacia ninguno de ellos ni se establezcan comparaciones. En el caso de los niños y adolescentes con TDAH es comprensible que los hermanos se den cuenta de que los padres le dedican más tiempo y están más pendientes de él, por ello debemos hablarles con tranquilidad y transmitirle que entre todos debemos entender y ayudar al niño y adolescente con TDAH para que mejore su comportamiento.
  • Aumentar el tiempo en actividades y juegos de toda la familia es buen método para mejorar la comunicación y estrechar lazos. De esta forma favoreceremos el vínculo entre hermanos.
  • La relación entre hermanos tiene su propio ciclo de desarrollo. Si el clima familiar es emocionalmente estable y equilibrado, los celos puntuales, normalmente son superados y no presentan mayores problemas.

Por otro lado, si los hermanos acuden al mismo colegio o instituto, es posible que sean testigos de cómo los compañeros se ríen o marginan al hermano con TDAH, llegando a avergonzarse de él. En este caso debemos intervenir y explicar claramente a los hermanos las dificultades del niño y adolescentes con TDAH y todas las cualidades positivas que tienen, por supuesto.

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Tamara

 

 


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Los Adolescentes con TDAH ¿Tienen Necesidades Especiales?


La mayoría de los niños con TDAH continúan teniendo síntomas a medida que entran en la adolescencia. Algunos de ellos no son diagnosticados con TDAH hasta que llegan a esta etapa, esto es más común entre los niños con síntomas predominantemente de falta de atención porque sus conductas son menos perturbadoras en el hogar o en la escuela. En estos niños, el trastorno se hace más evidente a medida que aumentan las exigencias académicas y la adquisición de responsabilidades. Para todos los adolescentes, estos años son desafiantes. Pero para los adolescentes con TDAH, estos años pueden ser especialmente difícil.

Aunque la hiperactividad tiende a disminuir a medida que el niño crece, los adolescentes que no han desarrollado técnicas de autocontrol se pueden sentir inquietos y tratar de hacer demasiadas cosas a la vez. Pueden elegir las tareas o actividades que tienen un resultado rápido, en lugar de aquellas que requieren más esfuerzo, pero proporcionan, mayores recompensas a medio y largo plazo. Los adolescentes con déficit de atención principalmente tienen problemas con la escuela y otras actividades en las que se espera que sean más autosuficientes.

Los adolescentes también se vuelven más responsables de sus propias decisiones de salud. Cuando un niño con TDAH es pequeño, los padres se hacen responsables de que el niño mantenga su tratamiento. Pero cuando el niño llega a la adolescencia, los padres tienen menos control, y las personas con TDAH pueden tener dificultades para mantener el tratamiento.

Para ayudarlos, los adolescentes con TDAH deben tener reglas claras y fáciles de entender. Ayudan a mantener la atención y a mejorar la organización, por ejemplo, realizando listas tareas y responsabilidades del hogar con espacios para marcar una vez completados.

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Los adolescentes con o sin TDAH quieren ser independientes y probar cosas nuevas, y algunas veces van a romper las reglas. Si su hijo adolescente rompe las reglas, su respuesta debe ser lo más tranquila posible. El castigo debe ser utilizado sólo en raras ocasiones. Los adolescentes con TDAH a menudo tienen problemas para controlar su impulsividad y los ánimos pueden estallar. A veces, dejadlos recapacitar un tiempo ayuda a que se calme y nos dé su explicación, hecho que no se producirá si son reprendidos antes de escucharlos.

Si su hijo le pide hora de llegada y/o el uso del coche, escuche la petición, razone sus respuestas, y escuche también su opinión. Las reglas deben ser claras una vez que se establecen, pero la comunicación, la negociación y el compromiso son útiles en el camino. El mantenimiento de los tratamientos, tales como medicamentos y terapia conductual o de la familia, también puede ayudar a la gestión del TDAH de su hijo adolescente.

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Las siguientes recomendaciones pueden serle de utilidad:

  • Lea todo lo que pueda sobre la adolescencia y el TDAH, cuanto mejor conozca como funcionan los jóvenes durante esta etapa, mejor podrá minimizar sus efectos. Es muy importante conocer a los amigos e incluso a los padres de los amigos de los hijos.
  • Es necesario que se adelante y hablé con él/ella sobre los cambios que va a experimentar, y que resuelva sus dudas, incluso acudiendo a alguien de confianza si usted desconoce las respuestas. Iniciar esta conversación con preguntas como: ¿Sientes que estás cambiando?, ¿Qué es lo que más te preocupa?, ¿Estás a gusto con tus amigos?, ¿A veces te pones triste sin saber por qué?,…
  • Cuanto antes empiece a hablar abiertamente con ellos sobre estos temas, más fácil será mantener abiertos los canales de comunicación en la adolescencia. Proporcione a su hijo libros que hablen sobre la adolescencia, escritos para chicos, donde encontrarán vivencias de otros adolescentes que están pasando o han pasado por lo mismo.
  • En esta etapa el adolescente reclamará su intimidad y es muy importante que se le respete. Debemos establecer la relación con el adolescente basada en la confianza. Salvo que detecte alguna señal de alarma de que podría tener problemas, en este caso el enfoque sera distinto. Pero si no es así, deberá respetar su intimidad y mantenerse al margen.
  • Si piensa en su propia adolescencia, le será más fácil practicar la empatía, ya que probablemente usted sentía lo mismo. Sienten que el mundo no les entiende ni ellos entienden al mundo. Dígale que es normal que a veces se siente mayor y otras como si todavía fuera un niño.
  • Guarde fuerzas para luchar contra cosas realmente importantes, como el tabaco, las drogas, el alcohol o cambios permanente y difícilmente remediables en su aspecto. Sin embargo, no ponga el grito en el cielo cuando experimente cambiando algo su aspecto. Pregúntele por qué quiere vestirse o tener un aspecto determinado e intente comprender cómo se siente. Es posible que también le interese que le comente cómo lo percibirán los demás.
  • Un adolescente necesita saber que sus padres se preocupan por él y que quieren lo mejor, pero debe fijar expectativas adecuadas y realistas a sus capacidades y así ellos intentarán cumplirlas.
  • La adolescencia suele ser una etapa de experimentación y a veces esa experimentación incluye comportamientos arriesgados. No eluda los temas relaciones con el sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco; si habla con su hijo abiertamente sobre estos temas antes de que se exponga a ellos, habrá más posibilidades de que actúe de forma responsable cuando llegue el momento.
  • Deberá mantenerse alerta para detectar e identificar las señales de alarma. Un cambio brusco o duradero en la personalidad o comportamiento de un adolescente puede indicar que existe un problema real que requiere ayuda. Esté pendiente si su hijo presenta una o varias de las siguientes señales de alarma:
    • aumento o pérdida excesiva de peso.
    • problemas de sueño.
    • cambios rápidos y bruscos en su personalidad.
    • cambio repentino de amigos.
    • faltas de clase continuamente.
    • sacar peores notas.
    • bromear sobre el suicidio.
    • indicios de que fuma, bebe alcohol o consume drogas.

En tal caso, el pediatra, un psicólogo o psiquiatra, podrían orientarle para encontrar la ayuda profesional adecuada para él.

  • Es conveniente supervisar lo que aprende su hijo en los medios de comunicación y con quién se comunica a través de Internet. Es razonable restringir el uso del teléfono móvil y del ordenador a partir de determinada hora.
  • Recompense a su hijo por ser una persona de confianza.
  • Fomente que su hijo pase una cantidad de tiempo razonable con la familia.

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Durante la adolescencia, los chicos y chicas necesitan sentirse comprendidos. Haga el esfuerzo y recuerdele una frase de Oscar Wilde:

“Sé tú mismo, los demás ya están cogidos”.

 Referencias:

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TDA-H, un trastorno invisible

El TDA-H sea posiblemente uno de los trastornos más controvertidos, sencillamente porque es invisible. Sin más. Nuestros antepasados ya sabían esto y dijeron: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Debido a esto, por más que una familia lea, por más que le enseñe un terapeuta o por más que sepan cuáles son las características cerebrales de su hijo/a… Es muy habitual que se acaben olvidando de ciertos aspectos que son cardinales en la educación de un/a niño/a que padece TDA-H.

Por eso es tan importante recalcular las expectativas que podemos tener con este trastorno, porque de lo contrario, trataremos al/la afectado/a de manera atropellada e inadecuada, olvidándonos de que a veces no sabe o no puede hacer ciertas cosas como otra persona que no padece el trastorno (como no se ve, esto se nos olvida).

Veamos, en mis charlas sobre el TDA-H siempre insisto muchísimo en QUÉ PUEDO ESPERAR DE MI HIJO/A. ¿Por qué? Porque es fundamental que los padres/tutores /profesorado /educadores de un niño/a con TDA-H entiendan muy bien hasta dónde pueden llegar.

Como digo, el TDA-H es un trastorno invisible, por eso muchas veces se nos olvida que está ahí y caemos en el error de pensar que MÁS EXIGENCIA ES IGUAL A MEJOR RENDIMIENTO. Este debate no surge con otros problemas que sí son visibles. Por ejemplo:

  • Nunca se nos ocurriría exigirle a un niño que necesita muletas para caminar, que haga las mismas actividades en educación física que el resto.
  • Tampoco se nos ocurriría poner en última fila a una niña que padece un 20% de déficit de visión.
  • Como no se nos ocurriría no dejar salir a un niño diabético de clase para que se pueda inyectar su insulina en el baño si fuera necesario.
  • Y también tenemos claro que a una niña con sordera hay que adaptarle el lenguaje en los exámenes o de lo contrario no los entenderá…

Todo esto lo tenemos claro porque son problemas visibles. No hay duda de que un/a niño/a que padece algunas de las cosas que he comentado hay que tratarle de “manera adecuada”. O, por lo menos, hay que tener otras expectativas acerca de su ejecución en tal ámbito o en tal área, ¿verdad?

Bien, ¿cuál es la lacra del TDA-H en este sentido? Pues que es un TRASTORNO DE CORTE NEUROBIOLÓGICO. Es decir, que no es físico, es NEURO (que afecta al funcionamiento de las neuronas) y BIOLÓGICO (que tiene una fuerte base hereditaria y además es crónico). Esto hace que el TDA-H SEA INVISIBLE. Al menos para la mayoría de personas… Pero, no nos llevemos a equívoco, esta falta de expectativas acerca de una persona que padece TDA-H puede afectar no sólo a quiénes no tienen ni idea del trastorno, sino también a aquellos que lo conocen hasta la saciedad.

Sabemos que lo que peor funciona dentro del TDA-H son las FUNCIONES EJECUTIVAS, ubicadas en el LÓBULO PREFRONTAL del cerebro. Para que nos entendamos, es el lóbulo que nos hace humanos. En él está el director de la orquesta cerebral. Si este lóbulo no funciona bien (como es el caso en el TDA-H) muchas otras funciones se verán alteradas. Fijaos en el siguiente cuadro, extraído de Barkley.

TDA-H, UN TRASTORNO INVISIBLE

Como se puede apreciar en la tabla, las carencias del TDA-H son carencias “del mundo interno”, para que nos entendamos. No es que no puedan correr, hablar, ver, oír… Sus carencias están en la memoria a corto plazo, en la capacidad de atención, en el entendimiento de instrucciones escritas y habladas, en la interpretación de las emociones, en la gestión del tiempo…

Son habilidades que usamos a diario y para todo, por eso no debemos medir el rendimiento en cualquier ámbito de un niño o una niña con TDA-H, con el mismo rasero que medimos al resto de niños/as. Pongo especial atención en el ámbito académico, ya que es el que más preocupa a todas las familias.

En mi opinión, el sistema educativo está encasillado. Seguimos un modelo en el que no se tienen en cuenta las diferencias intelectuales, sino que se hacen paquetes de conocimientos donde el/la que llega, llega, y el/la que no… “Se siente”.

Para ser justos, debo decir que en mi experiencia profesional veo como  esto empieza a cambiar con las adaptaciones curriculares, los acompañamientos psicopedagógicos, las clases de educación especial, las clases de refuerzo… Por suerte, la pedagogía en España está empezando a comprender que no todos/as somos iguales, y que las diferencias hay que saberlas mirar y tratar.

Sin embargo, y con todas las adaptaciones y cambios que estamos experimentando, en el caso del TDA-H es MUY IMPORTANTE APRENDER A NO EXIGIRLES A NUESTROS/AS CHICOS Y CHICAS LA EXCELENCIA EN LAS NOTAS. En el fondo, ¿qué nos importa que tengan un 10 o un 7, 6, 5…? Ellos y ellas no siempre pueden llegar a las notas de excelencia y si les machacamos con… “Tú puedes hacerlo mejor”, “Estoy seguro de que con más esfuerzo llegarías”, “No has sacado más nota porque no has querido”, etc… Entonces podemos mermar su autoestima, porque aunque parezca poco creíble, los niños/as son felices cumpliendo las expectativas de sus padres, pero no siempre pueden llegar a hacerlo. Así es que cuando ven que una vez y otra no llegan a cumplir dichas expectativas (cosa que sí hace el resto), ¿qué pasará con su autoestima? ¿Con qué visión de sí mismos/as crecerán?

Hay que reflexionar mucho sobre esto, sin perder de vista que no se trata de exigirles poco esfuerzo, sino de adecuar nuestras expectativas sobre dónde pueden y dónde no pueden llegar. Por supuesto, hay que exigir esfuerzo y constancia, pero siempre dentro de los límites a los que nuestros/as chicos/as pueden llegar.

No es bueno, por ejemplo, que un niño/a (tenga TDA-H o no) esté toda la tarde dedicando su tiempo a actividades académicas; no es bueno que pretendamos que sepan la lección al dedillo; no es bueno que cuando traigan un 5 a casa lo primero que les digamos sea… “Vaya, has aprobado, pero por los pelos, para la próxima tienes que esforzarte más, ¿vale?”.

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Al contrario, si sabemos que detrás de ese 5 hay un esfuerzo por parte del/la niño/a, entonces lo correcto es decirles “¡Guau! Has aprobado, ¡qué campeón/a! ¡Estoy súper orgulloso/a de ti! ¡Así se hace!”. ¿Por qué? Porque detrás de ese suficiente hay un TRASTORNO INVISIBLE… No se nos puede olvidar.

Bien, termino con una reflexión “de cabecera” que no se puede perder de vista NUNCA.

NO ES QUE EL/LA NIÑO/A SIEMPRE PUEDE PERO NO QUIERE…

SINO QUE USUALMENTE QUIERE PERO NO SIEMPRE PUEDE.

Si no se nos olvida esto, estaremos en el buen camino.


Alfonso


Miembro de

FEAADAH

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