Qué Hacemos con el Tiempo de Nuestros Chicos con TDAH

Qué Hacemos con el Tiempo de Nuestros Chicos con TDAH

Alicia es una niña muy normal de 2º de ESO. Pasa sus seis horas reglamentarias en el instituto, estudiando y aprendiendo lo que puede. A veces le cuesta prestar atención, pero lo suple con su inteligencia. Cuando sale de clase, se va corriendo a casa, come y, aunque le cuesta, se pone a hacer los deberes rápidamente porque sabe que, dependiendo del día, tiene una u otra actividad: Lunes y miércoles tiene danza; martes y jueves inglés y clases particulares para reforzar las mates y la lengua, que no las lleva muy bien; y los viernes da clases en la escuela de tenis.

A Alicia le gusta casi todas las cosas que hace, porque goza de una energía increíble para todo eso, pero tiene un problema: El tiempo. Y es que algunos días a Alicia le falta tiempo para hacer todo lo que se le pide que haga. Además de sus clases por la mañana y sus actividades por la tarde, tiene que hacer los deberes de clase y estudiar todos los días un poquito para poder aprobar sus exámenes. A causa de esto, a Alicia le falta el tiempo muchos días, por lo cual  a veces se siente muy cansada, pero sus padres parecen más preocupados en su futuro (eso le dicen siempre) que en verla jugar libremente.

Un día Alicia reflexionó sobre esto y les preguntó a sus padres por qué ella tenía que hacer tantos deberes y estudiar por las tardes, además de todas sus actividades. “Estudiar es tu trabajo” –le dijeron ellos y ahí se quedó la cosa. Pero Alicia no se quedó muy conforme, siguió pensando y al final llegó a la conclusión de que si los mayores tenían una jornada laboral de 8 horas, ¿por qué la suya (ya que según sus padres estudiar era su trabajo) duraba todo el día? ¿Por qué desde que se levantaba hasta que se acostaba apenas le quedaba tiempo para jugar? Cuando preguntaba sobre esta cuestión, la mayoría de veces no obtenía la respuesta que buscaba. Sus padres le decían una y otra vez que se preocupaban por su futuro y que ya tenía tiempo de jugar el fin de semana. Pero Alicia sentía que necesitaba un respiro diario para poder cargar las pilas.

Algunas veces sí encontraba ese descanso merecido, pero sólo cuando no tenía exámenes cercanos o cuando le daba tiempo a acabar sus deberes en clase, pero la mayoría de días vivía inmersa “en su trabajo”, sin tiempo para descansar o con poco tiempo para ello. El hecho de no tener ningún poder sobre esta situación que no le sentaba nada bien, hizo que Alicia comenzara a enfurruñarse más de lo habitual, le contestaba a su madre cuando ésta le decía que comenzara a hacer los deberes y le engañaba cuando tenía oportunidad (era la única manera de tener algo de tiempo libre, a escondidas). Al fin y al cabo –pensaba- a partir de las siete de la tarde su cabeza ya no podía rendir más. Aunque esta situación no le hacía sentir orgullosa, era la única manera que tenía de escabullirse un rato de su frenética actividad diaria…

tiempo libre

¿Os suena esta casuística? Alicia es sólo un ejemplo, pero esta situación se da a diario en la mayoría de niños/as actuales. Y es que las personas adultas nos olvidamos de lo que significa ser niño/a: Tener tiempo libre simplemente PORQUE SÍ, tirarnos en el suelo a no hacer nada o a jugar, dejarnos llevar por nuestra imaginación a mundos de fantasía que para nosotros se agotaron hace tiempo… Se nos ha olvidado que un/a niño/a necesita jugar y tener tiempo libre para desollarse las rodillas, caerse de la bici, llegar a casa con el pelo lleno de tierra, salir a buscar cosas que hacer, meterse en algún lío, o (por qué no) pelearse con un vecino “porque aquello no fue un gol”.

Y se nos ha olvidado porque estamos empeñados en hiper-academizar sus vidas para el futuro. Parece que si un/a niño/a no sabe inglés, no toca algún instrumento, no practica algún deporte y además no recibe un par de clases particulares a la semana, entonces estamos siendo malos padres o malas madres. Pero imaginad lo que esto significa para un/a niño/a en general y para un/a niño/a con TDAH en particular, ya que se añaden las dificultades típicas del trastornos.

En cualquier caso, la cuestión radica en que aquellas tareas con las que muchas veces copamos a los/as niños/as no son malas en sí mismas. El problema está en la polarización: Casos en los que se eligen todas a la vez (que se junta con las exigencias académicas) y casos en los que no se elige ninguna.

El mensaje que intento transmitir es: NO POR MÁS VA A SER MEJOR. Hay que exigirles, pero en su justa medida y sin olvidar que un/a niño/a necesita ser eso: NIÑO/A. Así es que es bueno estructurar su tarde de tal forma que sepa que ésta tiene un fin. Tener un fin significa: SABER QUE A “X” HORA YA NO TENGO OBLIGACIONES Y PODRÉ HACER LO QUE ME DIVIERTE DE VERDAD. Esto, por un lado, motivará a los/as niños/as a aprovechar el tiempo de deberes más estudio y, por otro lado, anulará los intentos de engaños durante este tiempo.

Esto es necesario porque todas las personas necesitamos saber que nuestra jornada laboral tiene un fin. ¡Qué sería de nosotros si no fuera así! Entonces, si no le brindamos a los/as niños/as la oportunidad de tener “TIEMPO LIBRE LEGAL”, se lo van a buscar ellos/as mediante engaños… Lógicamente.

Insisto, más no siempre es mejor. Buscad el equilibrio entre las tareas académicas y las actividades estructuradas de vuestro/a hijo/a con su tiempo libre diario para ayudarle a ser niño/a de verdad.


Alfonso


Cómo Organizar una Tarde de Estudio para un/a Niño/a con TDAH

reloj dentro

Para estructurar la tarde de estudio de un/a niño/a con TDAH, la idea es la siguiente:

  • DEBERES + ESTUDIO: 1 HORA PARA PRIMARIA, 2 HORAS COMO MÁXIMO PARA SECUNDARIA. Estos tiempos son orientativos, ya que habrá veces que el/la niño/a tenga que dedicarle más o menos tiempo según el día.
  • ACUERDO DE OBJETIVOS PARA LOS DEBERES: Para que el/la niño/a rinda bien durante su hora de deberes, es MUY IMPORTANTE PONER OBJETIVOS PEQUEÑOS que alguien deberá ir supervisando. Entonces, el/la adulto/a responsable dedicará 5 minutos a acordar qué deberes tiene que hacer hoy su hijo/a (mirando su agenda) y se le pedirá que cada vez que acabe los ejercicios de una asignatura venga y nos lo enseñe. Le echamos un vistazo, comprobamos que ha terminado esa parte del trabajo y le animamos a que siga así.

Además, le podemos poner tiempos (¿cuánto crees que vas a tardar en acabar estos tres ejercicios de lengua? ¿Diez o quince minutos? Bien, entonces ánimo e intenta hacerlos en ese tiempo, ¡seguro que puedes!). Le animamos a que cumpla su objetivo, supervisamos y le alentamos para el siguiente objetivo (que será otro bloque de ejercicios de la siguiente asignatura acordada previamente). Y así hasta que acabe todos los ejercicios de las asignaturas que tenga para ese día. No proponer objetivos que requieran más de 15 minutos seguidos (tal vez pedirle que haga los próximos 10 ejercicios seguidos sea excesivo si va a necesitar media hora para terminarlos, aunque esto depende de cada niño/a en particular). En este sentido, habrá niños/as que aguanten su atención durante 15 minutos, pero habrá otros/as que a los 5 ya no presten atención, con lo cual es importante conocer este aspecto de vuestro/a hijo/a, para adecuar los objetivos planteados a su tiempo de atención.

  • ACUERDO DE OBJETIVOS PARA EL TIEMPO DE ESTUDIO: Se le pregunta “¿qué tienes que repasar hoy?”, apelando a lo que haya dado esa mañana en clase. Entonces hacemos lo mismo que con los deberes. Ejemplo: Dos páginas de Naturales, otras dos de Sociales y un vocabulario de inglés. Tenemos tres objetivos. Bien, entonces le pondremos un tiempo razonable a cada uno de ellos y luego supervisaremos los objetivos de manera individual, haciendo que el/la niño/a nos diga la lección. ¡OJO! No se trata de que la recite de memoria, esto es un error, se trata de que a grandes rasgos se haya enterado de qué pone en esas dos páginas y haya sido capaz de subrayar las ideas más importantes. El trabajo del día a día debe fundamentarse en eso, simplemente en preparar la materia para los días antes del examen, donde sí se le exigirá que se lo sepa bien (que no de memoria). Hasta entonces, tan sólo suele ser necesario una lectura comprensiva y un subrayado de las ideas más importantes. En esta fase simplemente estamos preparando el terreno para cuando el/la niño/a se tenga que poner en serio de cara al examen.
  • HORA MÁXIMA DE FINALIZACIÓN. En cualquier caso, todo este trabajo no debe superar las dos horas diarias (recordad que su jornada ya ha sido de 6 horas por la mañana). Y es que a partir de cierta hora o después de cierto trabajo, los/as niños/as LITERALMENTE no rinden. Como digo, 6 horas de instituto, más las dos horas (o más) que han trabajado por la tarde…Realmente si lo pensamos tranquilamente, los/as estudiantes tienen una jornada laboral intensa y, sin nos los propusiésemos… ¡NUNCA SE ACABARÍA! Porque siempre hay algo que estudiar o repasar. Pero no se trata de copar cada minuto de vuestro/a hijo/a con estudio, repaso o algo académico. Dada esta situación, lo único que se consigue es un/a niño/a amargado/a y las consecuencias en su carácter que ello conlleva: Malas contestaciones, negativas constantes, desmotivación, etc.
  • ESPACIO LIBRE DE DISTRACTORES: El espacio en el que el/la niño/a hace sus deberes y estudia, debe estar completamente libre de cosas que le distraigan: Ordenador, móvil, televisión, animales… Incluso la ventana, si ésta le distrae, deberá estar con la persiana echada a cal y canto, aunque haya que usar luz artificial a las cinco de la tarde. Insisto, si el/la niño/a sabe que la tarde de estudio (más las actividades deportivas o intelectuales añadidas) tiene un fin, lo esperable es que se motive para acabar cuanto antes y no se distraiga mucho, bajo la idea de que cuando acabe va a tener entre una y dos horas de tiempo libre cada tarde. Aún y así, le facilitaremos el camino eliminando distractores en su lugar de estudio.
  • LIBERAR EL FIN DE SEMANA: Me parece fundamental que descarguemos a los/as niños/as de estudiar el fin de semana si no es absolutamente necesario (Necesario = Tener un examen el lunes o el martes). Incluso así, se marca un tiempo de estudio el sábado y el domingo (preferiblemente por las mañanas), que no sobrepase las dos horas (siendo generoso), marcando objetivos pequeños que iremos supervisando con las mismas pautas que para el estudio diario) y, finalmente, dejaremos el resto de la mañana y sus tardes libres para que pueda recargar pilas de cara a la siguiente semana.

actividad

Bien, con todo, decir que esto debe de ser flexible según las necesidades de cada día. Habrá días en los que tal vez el/la niño/a tenga suficiente con una hora de estudio porque no haya traído muchos deberes, pero igualmente habrá días en los que en lugar de dos horas tengan que ser tres porque dentro de dos días tiene un examen muy importante, por ejemplo.

En cualquier caso, el objetivo de todo esto es adecuar el tiempo de estudio a las capacidades atencionales de los/as niños/as y operativizar su tiempo para que tenga horas libres. De esta manera, lo esperable es que no pierda el tiempo (o lo pierda menos) porque sabrá que cuanto antes acabe, antes podrá irse a jugar o a disfrutar de su tiempo libre.

Por otro lado, añado también que en su tiempo libre los/as niños/as tengan acceso a lo que quieran: Móvil, ordenador, tele… Siempre con acotaciones horarias y sin sobrepasar un tiempo razonable en el uso de las tecnologías. Pero, teniendo en cuenta esto, no olvidéis que cuando llega su tiempo libre, el/la niño/a lleva gran parte de su día atendiendo a tareas académicas, así es que ahora tiene derecho a distraerse. Es más, no es que tenga derecho, ES QUE TIENE EL DEBER DE HACERLO para poder cargar las pilas de cara al día siguiente.

Os animo a que estructuréis su tarde de esta manera porque los/as niños además de dedicar tiempo diario a estudia, también deben dedicarlo a sonreír.


Alfonso


Miembro de

FEAADAH

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